
¡Qué distinto es hablar a lograr comunicarse!
Y quienes somo padres sabemos de esto. Lo sabemos porque a la mayoría de nosotros nadie nos enseño a hacerlo. Tal vez en casa se “hablaba” a gritos. Tal vez se hablaba sin sentido, interminablemente, o sólo se aclaraban límites, amenazas, advertencias y después…una acción concreta como una chancla volando.
A comunicarse hay que aprender. Y hacerlo de manera efectiva y con verdadera empatía aún más: hay que entrenarse.
¿Cuántos de nosotros sabemos expresar con claridad sentimientos, necesidades, emociones? ¿Cuán importante crees que sea lograrlo a fin de poder enseñar con tu ejemplo a tus hijos para que puedan ellos hacerlo a su vez?
La comunicación no violenta busca evitar vicios arraigados como etiquetar, emitir juicios en nuestras observaciones. También desarraigar de las palabras que son harto poderosas el chantaje, la culpa, el miedo, la coerción, las amenazas a fin de que las necesidades propias se satisfagan de una manera positiva sin que tenga que ser a costa del bienestar del otro. Ese otro que por lo general son los más cercanos a nosotros: los hijos, la pareja.
La idea finalmente es lograr que nuestras palabras sanen en vez de que hieran. Animen en ves de que desalienten, traigan paz en vez de guerra.
¿Cómo te comunicas tú?